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Un grupos de científicos de todo el mundo se están a cercando a demostrar de forma definitiva una teoría que encontro Einstein con más de 100 años sobre el origen del universo

Nacen de eventos aterradores. En 1915, hace 107 años, Albert Einstein, una de las mentes más brillantes de los últimos siglos, teorizó la existencia de de las ondas gravitacionales las que fueron en su tiempo un auge muy grande.

Aunque con la tecnología de la época se le dificultaba detectarla, para que la Teoría de la Relatividad tuviese sentido era necesaria la existencia de cierto tipo de ondas, que en su tiempo se empezaron a descubrir.

Estas debían ser fruto de algunos de los fenómenos más brutales y destructivos del cosmos, como la explosión de alguna estrella o la fusión de dos agujeros negros.

Durante décadas, fue uno de los misterios más fascinantes de la Física: ¿de verdad podían existir ondas gravitacionales surgidas de este tipo de eventos cósmicos?

Desde entonces, se han detectado docenas de eventos de ondas gravitacionales procedentes de diversas fuentes, desde fusiones de agujeros negros hasta fusiones de estrellas de neutrones.

Pero el misterio no termina aquí. Según Einstein, más allá de estas ondas gravitaciones deberían existir también ondas gravitacionales de fondo, que no son más que conjuntos de ondas gravitacionales superpuestas que son resultado, por ejemplo, de fusiones de agujeros negros supermasivos.

De forma similar al ruido de fondo que hay en una habitación llena de gente, estas ondas gravitacionales de fondo deberían ser un sonido constante que hablara a los científicos sobre cuestiones relacionadas con el origen del universo.

Alguno de estos inmensos eventos, de hecho, podrían datar de poco después del mismísimo Big Bang.

Desde que se detectó el primer evento de ondas gravitacionales, grupos de científicos de todo el mundo se muestran cada vez más esperanzados de poder dar por demostrada la existencia de las ondas gravitacionales de fondo, tal y como ha revelado esta semana la revista Universe Today.

Estos, recuerda este medio, trabajan desde instituciones como el International Pulsar Timing Array (IPTA), el European Pulsar Timing Array (EPTA), el North American Nanohertz Observatory for Gravitational Waves (NANOGrav) y el Parkes Pulsar Timing Array de Australia (PPTA).

Lo hacen estudiando la radiación emitida por las estrellas de neutrones que, a modo de faro, iluminan el cosmos gracias al electromagnetismo que emiten al girar cientos de veces por segundo. 

Durante años, los astrónomos han utilizado este efecto para medir el tiempo y la distancia cósmica, pero ahora, tras el hallazgo de las ondas gravitacionales, los científicos buscan también con ello resolver uno de los últimos misterios que dejó Einstein.

Convencidos de que lo observado hasta ahora cuadra con lo que postuló el físico alemán hace más de un siglo, diversos estos consorcios de científicos se han unido además para combinar conjuntos de datos.

«El GBT [Telescopio de Green Bank] contribuye al IPTA como uno de los telescopios más importantes», ha contado a este medio Ryan Lynch, científico del Observatorio de Green Bank y miembro de NANOGrav. 

«La combinación de la excelente sensibilidad del GBT, sus instrumentos y su capacidad para ver gran parte del cielo lo convierten en una parte fundamental de los esfuerzos del IPTA».

También demuestran la eficacia de los observatorios e instrumentos implicados y refuerzan los argumentos a favor de señales similares encontradas en los conjuntos de datos individuales de las colaboraciones participantes.

«El IPTA es un gran ejemplo de científicos e instrumentos de todo el mundo que se unen para avanzar en nuestra comprensión del cosmos. Los nuevos instrumentos garantizarán que el GBT siga haciendo contribuciones esenciales. Si lo que estamos viendo aquí realmente lleva firma de las ondas gravitacionales, los próximos años van a ser realmente emocionantes».

Sin embargo, los científicos advierten de que aún no hay pruebas definitivas.

Por ello, el IPTA analizará datos más recientes con la esperanza de que esto confirme que las nuevas señales son una prueba de un GWB. 

Además, en los próximos años, muchos instrumentos y colaboraciones científicas nuevas comenzarán a recopilar datos, como el conjunto MeerKAT en Sudáfrica y el conjunto de sincronización de púlsares de la India (IPTA).

También se unirá a las investigaciones la Antena Espacial de Interferometría Láser (LISA) de la Agencia Espacial Europea, una misión que constará de tres satélites cuyo lanzamiento está previsto para finales de la década de 2030 y que será el primer detector de ondas gravitacionales ubicado en el espacio.

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