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De Hong Kong a Bilbao en autostop

En ‘La Casa de la Palabra’ conocemos el viaje de Paula Muga Ellacuria, quien salió de Hong Kong y llegó a Bilbao, viajando sobre todo a dedo, y pasando por países como India, Irán, Nepal o Serbia.

Paula Muga Ellacuria estaba becada en Hong Kong por la Cámara de Comercio Española. Cuando termino el contrato decidió en volver por tierra a Bilbao. La mayor parte del recorrido lo hizo en autostop. Trabajo en diferentes voluntariados en donde intercambiaba trabajo por manutención. Fue un periplo lleno de aventuras, incluso en Serbia le tomaron por refugiada y paso un mal momento.

Paula Muga Ellacuria tiene 25 años, vive en Bilbao, estudio publicidad en la Universidad del País Vasco terminando el último curso en Corea del Sur. Obtuvo una beca en Hong Kong en donde también trabajo de camarera en un bar. Con el dinero ahorrado se planteó viajar por tierra hacia su casa en Bilbao.

Justo cuando se le acabó el contrato, cargó con una mochila de cinco kilogramos, subió al metro como un día cualquiera y salio de Hong Kong. Viajo por China y en Lijiang en la provincia de Yunnan comenzó “hacer dedo”.

Entró en Laos, Tailandia y Malasia. Voló a Sri Lanka donde le esperaba su hermana que daba clases como profesora de yoga. Estuvo con ella durante dos meses. Tomó un nuevo avión hacia Nepal en donde colaboró en la reconstrucción de un colegio. Estuvo en un poblado gurkha y llego hasta la India en donde hizo un voluntariado en un ashram.

No le concedieron el visado para Paquistán así que aterrizo en Irán donde paso un tiempo en la isla de Hormuz, un paraíso en donde vivió con libertad. Irán fue la mayor sorpresa del viaje.

En Turquía descubrió al pueblo kurdo en el lago Van. Estuvo en la frontera con Siria en donde se notaba la tensión. Los soldados turcos no le trataron con educación. Era difícil hacer autostop, tuvo un gran susto y se subió a un autobús hasta llegar a Bulgaria. Paso por Rumanía y en Serbia le aconsejaron que no hiciera autostop. Hubo una tormenta de nieve y optó, en una situación tan extrema, por hacer dedo, aunque no se fiaba del conductor. Le tomaron por refugiada y la situación se convirtió en muy delicada. Tuvo suerte y salieron en su ayuda emigrantes argelinos y marroquis que le llevaron a una furgoneta que repartían zapatos, para su sorpresa eran voluntarios españoles de la asociación de ayuda el refugiado “No Name Kitchen”. La filosofía de esta organización es que son personas ayudando a personas.

Conoció a un muchacho afgano que había hecho el mismo recorrido que ella por Asia y Europa, pero mientras Paula disfruto con libertad él solo recibió malos tratos.

Prosiguió por Eslovenia y en Italia tuvo un accidente de tráfico del que se salvó, fue “el milagro de la Navidad”. Cuando llego a Biarritz se sintió en casa y se pegó un baño, aunque el agua estaba muy fría pues era a finales de diciembre. Cuando el último coche le dejo en Durango, sacó la tarjeta del autobús y se fue en transporte público hasta su casa en Bilbao.

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